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"Conocí La Cuadra gracias a mi padre. Como maestro del pueblo, mi padre consideraba que su deber era ayudar a los vecinos en las duras tareas del campo. En nuestros pocos días de sol, segar la hierba, secarla y almacenarla en balagares y facinas (varas de hierba), eran nuestro campamento de verano. Yo tenía unos 6 años y mi amor por aquella Cuadra de Jesús el Catalín se hacía más apasionado cada verano. En esas fincas te encontrabas todo tipo de animales, jugabas y soñabas, veías la playa a tus pies y podías bajar a darte un chapuzón o a jugar al fútbol. Cuando ya recogíamos las cosas para irnos a casa, las impresionantes puestas de sol nos daban un extra de tiempo maravilloso. Aquella Cuadra estaba en el paraiso y en cuanto empecé a trabajar le pregunté al dueño si estaría dispuesto a dejármela. Un apretón de manos selló nuestro acuerdo. Jesús el Catalín era un paisano de los pies a la cabeza. Y un apretón de manos suyo tenía más validez que cualquier contrato redactado por el mejor bufete de abogados.

La Cuadra tiene su historia. Estas vistas, esta calma sepulcral, este ruidoso silencio con el que el mar mece nuestro sueño, son fruto del trabajo y la ilusión de muchas personas a las que nunca olvidaré.

Así pues, prepara tu cámara, pon a punto tus redes sociales. Vienes a un sitio especial y privilegiado. Vienes a La Cuadra del Catalín y esta experiencia hay que vivirla, repetirla y compartirla."

P.D. Mi eterna gratitud a Jesús el Catalín, su mujer y sus hijos por haberme dado todo tipo de facilidades para que mi sueño se hiciera realidad.